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La naturaleza, casi ausente en el Bicentenario
Este año celebramos los dos siglos de la mayor parte de las naciones latinoamericanas. Y debería llamarnos la atención la escasa importancia que se está asignando al medio natural que sustenta a cientos de millones de personas. Pareciera que nuestros países se desarrollaron sólo sobre sus propios mitos políticos, sin tener en cuenta el escenario de llanuras, ríos, selvas y cordilleras por el cual pelearon nuestros próceres y que hoy habitamos.
 

 

Esto no se debe a falta de información, sino a una cuestión conceptual. Pocos de nuestros historiadores contemporáneos (entre los que cabe destacar a Félix Luna) comprendieron que la historia ecológica es una rama de la historia, con su objeto y su método de estudio precisos.
 
Por esas vueltas de la historia de la historia, esta disciplina nace con Heródoto, un hombre preocupado por la relación de las sociedades humanas con su ambiente. Y así sigue con ese signo durante siglos, con grandes figuras como Alejandro de Humboldt, a quien podemos calficar como el constructor de nuestra actual concepción de ambiente y, por ende, el padre de la historia ecológica.
 
Sin embargo, en el siglo XX, nuestra soberbia tecnológica nos hizo creer que las sociedades humanas podían prescindir de la naturaleza. Allí olvidamos nuestra historia ecológica y la estamos recuperando trabajosamente ahora. Por eso, su escasa presencia en la mayor parte de nuestas actividades vinculadas con el Bicentenario.
 
En esta entrega ustedes reciben:
  • La obra de arte que acompaña esta entrega es un antiguo grabado que muestra un paisaje de Mesoamérica y que ilustra la tapa del mencionado número de Todo es Historia.


Un gran abrazo a todos. 
Antonio Elio Brailovsky

 

 

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